Digamos que no puedo hacer grandes recomendaciones sobre Rotterdam teniendo en cuenta que sólo pasé allí 5 horas, pero creo que puedo decir sin temor a equivocarme que es un destino a tener en cuenta si te interesa la arquitectura. Para empezar os contaré que dam significa presa, y la ciudad nace de un grupo de pescadores que se asientan alrededor del río Rotter allá por 1270. La ciudad crece y crece… hasta mayo de 1940. Entonces llega el ejército nazi, la bombardea y destroza todo lo que pilla, que fue casi todo. Al terminar la guerra los roterdameses deciden darse a la modernidad y apuestan por convertir el lugar en un lienzo perfecto para arquitectos con ganas de experimentar. Tradición que, por lo que parece… se mantiene.

Me llamaron la atención especialmente dos construcciones: Las casas cubo (Kijk-kubus -a tope con mi holandés-) y el mercado Sumo Markthal. Están una enfrente de la otra y se puede llegar en metro o en tranvía (21 ó 24), parada Blaak, aunque teniendo en cuenta el tamaño de la ciudad y los precios del transporte, recomiendo sin durar otra vía: tus piernas.

Las Kijk-kubus fueron construidas en 1984. Son obra del arquitecto alemán Piet Blom, que al parecer concibió cada una de las casas como un árbol abstracto y el complejo como un bosque. Si tienes el día inspirado lo verás claro.

Hay 38 apartamentos (sí, hay gente que vive ahí), dos cubos más grandes y otros 14 espacios más pequeños que se usan como tiendas u oficinas. Cada casa cubo tiene tres plantas, y un trastero y un hall en lo que sería el tronco del árbol en cuestión. Blom, -que fue un importante referente de la corriente estructuralista-, construyó el “Blaak forest” por encargo del Ayuntamiento de Rotterdam, que buscaba la manera de comunicar de manera segura el puerto antiguo -que fue, por otro lado, lo único que sobrevivió a la Guerra- con el centro económico de la ciudad.

El Markthal es más moderno, pero una también se vuelve loca imaginando la distribución de los apartamentos en su interior. Yo no sé qué muebles pondrá esta gente para aprovechar el espacio, la verdad.

Momento Antonia, me disculpen.

El mercado es una especie de U invertida que forma un túnel en el que se distribuyen -con mucho estilo- diversos puestos de comidas del mundo. Se puede comprar materia prima, pero sobre todo son puestos de comida para llevar o para comer rápidamente en la barra. Vamos, como todos esos antiguos mercados de abastos reconvertidos en punto de encuentro de los paladares adinerados a base de gentrificación, pero en nuevo. Un destino para pijos, vaya.

En cualquier caso, merece la pena darse una vuelta y observar el edificio. Eso sí, 2,65€ me cobraron por un capuccino en la terraza del Markt Cafe.

De regalo: Witte de Withstraat es una calle adorable con edificios bajos al final de la cual hay un chino con mala pinta llamado FAFI en el que me comí unos noodles de arroz con verduras por 5€ sentada en la terraza más a gusto que un arbusto viendo pasar al personal.

Moraleja: Aprovecha las escalas. Cada rincón del planeta merece una visita y tiene una lección para ti.

FirmaCharran