Como recordaréis, el otro día me andaba yo quejando de la planificación urbanística de la costa malagueña – y si no os acordáis es que no me leéis lo suficiente-. El caso es que, dándole a la pelota… he llegado a la conclusión de que lo mismo esto de las megaconstrucciones es hereditario.

Veréis, hace así como 5.000 años vivían en el valle del Guadalhorce una serie de comunidades agrarias que, además de cultivar, compartían creencias religiosas, sentimiento de pertenencia a la tribu y una especial admiración por una montaña con forma de mujer dormida que los antequeranos conocen hoy como La Peña de los enamorados por una historia que ya os contaré otro día. En realidad la montaña tiene forma de cara y punto, pero en fin, el imaginario popular es como es y no soy yo quién para venir a enmendarle la plana.

Volviendo a los agricultores de hace 1.000 lustros, el caso es que, con tanto en común como tenían, decidieron ponerse manos a la obra para construir all together lo que hoy es el estupendo Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera. Es uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Europa. Está formado por los dólmenes de Menga y Viera, y por el Tholos de El Romeral. De las tres construcciones, la más importante es el Dolmen de Menga. La primera cosa rara que tiene es su orientación. En vez de mirar al sureste, que era lo normal en aquella época, mira al noreste, que es donde está La Peña de los enamorados.

Pero ojo porque la ignorancia es malísima y si uno no sabe cómo los construyeron… puede pasear por allí y no hacer ni una triste foto, porque así vistos… la verdad… pues tampoco impresionan tanto. Como quiero que apreciéis las cosas como se merecen, y como la mejor manera de aprender algo es a través de la práctica, el bricocharrán os va a explicar hoy cómo construir vuestro propio dolmen. Fácil, rápido y para toda la familia.

El primer paso es acondicionar el terreno. Un poquito de rastrillo por aquí, un poquito de quitar piedras por allá… y ya tenemos la superficie lista para trazar sobre el suelo el perímetro del edificio. Medimos con unas varas de madera para que las paredes laterales midan lo mismo y pintamos una especie de U gigante. Tenemos que hacer un doble trazado, porque luego retiraremos la tierra que quede entre ambos.

Ahora que tenemos el perímetro “perforado” vamos a por las paredes. Las vamos a construir con 25 bonitos ortostatos, 12 para cada lateral y uno, más grande que el resto, para la cabecera. ¿Que qué narices es un ortostato?, pues una losa de piedra gigante. No sé cómo has podido vivir todos estos años sin saberlo.

Supongo que como no sabías lo que son, tampoco tendrás ninguno en el trastero. No pasa nada, nos vamos al monte y buscamos un terreno rocoso cuyas grietas naturales poder aprovechar para verter agua hirviendo y provocar su fractura. Cuando tengamos todos nuestros ortostatos, más o menos de la misma altura y ancho -mide con la vara- los colocamos de uno en uno sobre unos troncos. Atamos el ortostato con muchas cuerdas para que todos los hombres y mujeres de la comunidad puedan tirar de ellas. Todos, menos 4, que serán los encargados de ir poniendo la “alfombra” de troncos delante del ortostato, según vayáis avanzando los demás.

Con la tierra que sacamos de la planta de nuestro dolmen (la U) hacemos una pequeña rampa que desemboque en la propia zanja. Así será mucho más fácil colocar los ortostatos en vertical. Para esta tarea nos ayudaremos de palancas y cuerdas. Después los calzaremos con cantos rodados y tierra. Con este mismo sistema colocamos las columnas centrales (son necesarias porque el tejadito va a pesar lo suyo…). Hecho esto, lo rellenamos todo con tierra, hasta arriba, de forma que podamos arrastrar fácilmente -con los troncos y las cuerdas- las losas que harán de techo. Completada la cubierta, extraemos el relleno de manera que las losas superiores bajen hasta descansar sobre las paredes de la cámara.

Ya casi lo tenemos.

Sólo queda el túmulo. Cubrimos con tierra y piedras toda la estructura, menos la entrada, obviamente, y creamos nuestra propia colina de 50 metros de diámetro.

Ya sé lo que estás pensando. Que a ver dónde encajas esto en tu minipiso. Bueno, yo tampoco me he puesto manos a la obra por el mismo motivo.

De regalo: Hasta que encuentres un terreno, te recomiendo una visita al conjunto arqueológico de Antequera. La entrada es gratis y hay servicio, también gratuito, de visitas guiadas que debes concertar con antelación por mail o por teléfono.

Moraleja: ¡Solo no puedes, con amigos sí!

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