El casco histórico de Fenghuang es el sitio perfecto para relajarse durante un día o dos después de haberse matado a andar en Wulíngyuàn. Está en la lista de ciudades candidatas a ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2008, por la idoneidad de su ubicación, por su arquitectura y su planificación urbanística, así como por el hecho de que en Fenghuang convivan aún hoy varias comunidades étnicas, con sus respectivas lenguas, costumbres y vestimentas. La pena es que resulta muy complicado conocer las características de cada una de estas étnias, fundamentalmente porque la ciudad gira casi al 100% en torno al turismo, de forma que una no puede ver cuáles eran las tareas y costumbres tradicionales ni comprender las diferencias de unas y otras, más allá de las que se refieren al atuendo.

En cualquier caso, y a pesar de que la sensación de decorado artificial no desaparece casi en ningún momento -demasiada tienda de souvenir y restaurante occidentalizado-, merece la pena visitar este pequeño rinconcito de China. Las casas sobre el río, sujetas con vigas de madera que espero sean más resistentes de lo que parecen, el propio caudal, los puentes y, por supuesto, la iluminación nocturna, hacen de Fenghuang un lugar muy especial.

Como en muchas otras ciudades chinas, hay que pagar una especie de entrada para poder visitar ciertos sitios. A nosotras no nos pareció demasiado interesante el tema -sobre todo porque no era barato-, aunque con la entrada va incluído un paseíto en barco que puede estar curioso. Perderse por las callejuelas, arreglar con un maravilloso acupuntor la rodilla que Wulíngyuàn quiso quedarse para siempre, ir colgadas de la parte trasera de un minibús, y meter los pies en una pecera durante media hora por 20 RMB nos pareció suficiente actividad para ocupar nuestro tiempo allí.

También es un buen sitio para tomar un par de cervezas en alguna terraza. La temperatura por la noche sigue siendo muy agradable y el entorno es increíble. Lo único malo es que hay conciertos en directo casi en todos los bares… y la música de los cansautores chinos se parece bastante al sonido que emitiría un gato siendo atropellado por un tráiler.

Para llegar: Os decía que es el sitio perfecto para ir después de Wulíngyuán y una de las razones son las conexiones: Hay buses directos desde la ciudad de Zhangjiajie, que tardan unas 5 o 6 horas -en China, pecata minuta- y cuestan 65 RMB. Una vez en la estación de autobuses de Fenghuang, mi recomendación es que compartas taxi con algún chino del autobús que se dirija a la zona antigua. Si has llegado hasta Fenghuang ya habrás aprendido a reconocer a los turistas nacionales. Acóplate a alguno, suelen ser bastante hospitalarios. Propón compartir los gastos, pero si insiste en pagar no te pongas pelma, es de mala educación no dejarse invitar. Nosotras, con todo el dolor de nuestro corazón, tuvimos que dejar que aquel gordito simpático -el primer chino gordo que veíamos- pagara la carrera. Si vienes desde otro sitio, la estación de tren más cercana es la de Jishou, y desde allí hay autobuses frecuentes que tardan alrededor de hora y media en llegar a Fenghuang. Y si vas con el tiempo pegado al culo, no te preocupes, que también hay aeropuerto cerca.

De regalo: Fenghuang es uno de los sitios en los que más fácilmente se encuentran desayunos occidentales. Baratos, baratos… lo que se dice baratos… no son, pero si echas mucho de menos el café, los batidos y la bollería… aprovecha y busca por la ribera del Tuojiang.

Moraleja: Si necesitas relajarte, es tu sitio. La emoción más fuerte que vas a encontrar en Fenghuang es intentar que los chinos no se te cuelen para comprar algo. Bueno, y la comida, pero eso da para otro post. FIRMA-CHARRAN_OK