Si uno quiere recorrer Cuba de cabo a rabo, tiene varias opciones, a cual más interesante: autobús interurbano, autobús interurbamo para turistas, tren, coche alquilado, taxi (legal) o coche con conductor (ilegal total).

En este post os comento las gracias y desgracias de optar por el autobús:

Empecemos por el principio: el autobús interurbano normal: conseguir un hueco es complicado. Está reservado para los locales y sólo hay 4 plazass por bus para extranjeros. Yo nunca lo conseguí -no soy ni tan paciente ni tan previsora como para haberlo logrado- pero entiendo que el precio y compartir asiento con los cubanos bien puede merecer la pena.

El autobús interurbano para turistas: sigue siendo barato, aunque no tanto, y permite hacer amigos guirufos, ya que se suele coincidir con las mismas personas en 2 o 3 trayectos consecutivos, aunque al final cada uno lleva su ritmo y le acabas perdiendo la pista a la gente.

Lo peor de estos buses -que China regaló al gobierno de Castro en 2005- es que le obligan a uno a llevar un pantalón largo y una sudaderilla. Así se puedan freír huevos al calor del asfalto, dentro de los buses el clima sigue siendo ártico.

No suelen ir llenos, así que casi siempre es factible recostar el asiento hacia atrás para no acabar con la espalda hecha un ocho. Ojo, no vayáis a pensar que tiene algo que ver con un autobús turístico de viaje organizado, de hecho, se puede parecer bastante al que usabas para ir al cole -si naciste en los 80- y cualquier cosa puede pasar viajando con viazul. Por ejemplo:

1) Perder alguna de las extremidades. Sí, por congelación. Pero para esto ya os he dado el remedio más arriba. Si al hacer la mochila sólo puedes pensar en playa y calufa y se te olvidas la ropa de manga larga… siempre puedes robar después la manta del avión (otro congelador que te recordará que has olvidado la sudadera).

2) Que el autobús se pare y estés una hora esperando sin explicación de ningún tipo. Como mucho, y si preguntas: “Esto es Cuba mi amol”. Y va que chuta. No temas, ésta es toda una oportunidad para hacer amigos y ejercitar las capacidades de sociabilidad que todos llevamos dentro.

3) Perder, temporalmente, alguna de tus pertenencias. Y digo temporalmente porque, si la pérdida es importante -para el dueño-, se puede recurrir a los empleados de la compañía (en casi todas las ciudades hay oficinas de reservas) para que lo recuperen. Yo olvidé un libro, que me habían regalado en La Habana y que estaba usando como fuente para mi tesina, y un boli. Bic. Negro.

Depués de recorrer todo el escalafón en la oficina de Cienfuegos, y de que cada trabajador hiciera tropocientas llamadas, el autobús que llegaba dos días después a Camagüey, me trajo el libro. La pérdida del boli fue… un pequeño daño colateral.

MORALEJA: Si tienes poco tiempo y menos pasta, esta es tu opción.

DE REGALO: Los autobuses tienen horarios. Que se cumplen. O no.firma