Recién llegada de China me lié la manta a la cabeza, y el fin de semana pasado me fui a Gijón para asistir al IV Travel Bloggers Meeting que se organiza en España. Me fui pensando que era una pequeña locura salir de casa otra vez sin apenas deshacer la mochila y sentar el culo -y la cabeza- un rato, y resultó que allí voy y descubro que soy una looser. Tal vez debería haberme dado cuenta de que mi acreditación, escrita a mano por haberme incorporado en el último minuto, era una pequeña señal.

Pero no lo hice, así que cuando me topé con Juan Pablo, un tipo fantástico que había venido desde Argentina para contarnos sus peripecias por Afganistán, así, como el que baja a comprar el pan, pues me quedé loca, qué queréis que os diga. Por su elocuencia -a pesar del jetlag- y por su historia. Algún día le pediré que me deje escribir su biografía. No se si iba a tener mucho tirón, porque ha escrito ya varios libros, pero yo me lo iba a pasar pipa seguro. Nos contó que viajaba haciendo autostop y moviéndose al menos cada dos días para no convertirse en un blanco fácilmente secuestrable por los talibanes. Y de blanco en ese viaje tenía poco, que yo he visto fotos y… entre el turbante, la barba y el moreno… había alcanzado unos niveles de mimetización dignos del más profundo estudio antropológico. Si voy yo con esta cara de guiri me fichan a 200 kilómetros. Dice que los afganos pensaban, al ver su mochilón, que era un paracaidista. “Han visto más paracaidistas que mochileros por allá”. Y nos os cuento más que estoy rozando los límites de plagio de Ana Rosa Quintana. Pero os recomiendo encarecidamente un paseíto por su blog.

Yo no estoy tan loca como Juan Pablo -tranquila mamá- y tengo claro que ni siquiera me voy a plantear lo de “emprender un viaje del que no uno no sabe si vas a regresar”. Pero su discurso me hizo pensar que, a la hora de hacer la mochila, a cada uno nos mueve una cosa. Hay dos asuntos que me engancharon a viajar a mí: ver parajes naturales que ni había imaginado -me obsesiona el hecho de que vayan a desaparecer antes de que yo los pise-, y aprender. Aprender siempre. Ver que hay otras formas de vivir, de entender el mundo. Conocer gente con mentalidades tan diferentes que te obligan a abrir la tuya propia. Y crecer. Como Álvaro, que lleva viajando desde los 2 meses con sus padres y que seguramente lo siga haciendo siempre, porque este mundo es tan grande y cambia tanto, que siempre le quedará algo por descubrir. O como Blai Taberner, que tiene unos 20 años, se ha recorrido medio mundo y al que da gusto escuchar, aunque se muera una de envidia, igual que con Inma, la chica que está detrás de A world to travel -que está chulísimo, por cierto-. Me fui con ella a hacer el descenso del Sella y entre curva y curva de aquella carretera general nos fuimos contando la vida y las aventuras, y se me quitó un poco el miedo de hacer cosas que creía -aún creo, un poco- que son menos arriesgadas para los hombres que para nosotras.

El sábado pasado también aprendí que tengo que hacer aún más eso que tanto me gusta de cerrar los ojos y sentir la brisa y los aromas. Escuchar y saborear. Enterrar los pies en la arena o acariciar la hierba. Estaré siempre agradecida a Juanjo y Nuria por recordarme que la mayoría de las cosas que te erizan la piel no se ven.

Y, por supuesto, me traje de vuelta varias nuevas futuras amistades, como Ali, que me acabó de convencer de ir a Irán, tras la maravillosa charla de Isaac, o Marita y su sonrisa perenne. A Cris y sus dos pies, que espero se sigan yendo de viaje pisando bien fuerte, más allá de Australia y Nueva Zelanda. Y a Vanina y Adolfo, que, como buenos anfitriones, nos hicieron de guías por Gijón y nos enseñaron a beber sidrinas. Aunque… echando la vista atrás… creo que son un poco exigentes y nos hicieron repetir la lección en exceso. XD

Debatí sobre los chinos con Luisete, aunque en realidad de lo que él sabe mucho muchísimo es de japonismo. Me hice una foto con los chicos de salta conmigo que espero ver algún día, y metí la pata en el minuto cero con Adri, que cuenta sus viajes con Gosia en Mola Viajar y que para mí será siempre “el bermudas” por cuestiones que no viene al caso recordar… Y volví a Madrid riéndome un montón con las historias de Ali, y con esas “discusiones” que se tienen sólo con la  gente con la que uno se lleva muy bien y que ella tenía con Edu y Eri, una pareja adorable de historiadores divertidísimos que encima me dejó en la puerta de casa como a una marquesa.

En fin, que fue un finde fantástico con mucha gente simpática e interesantísima que me ha hecho decidir que no me pienso volver a perder un encuentro de estos en la vida. Además me sonrió la suerte y me tocaron dos noches de hotel para dos personas, gentileza la oficina de turismo de Gijón, por haber estado muy atenta a las explicaciones sobre el gijonismo y la adaptación del forastero a la ciudad que nos dio un gaditano de lo más integrado. Me hizo tanta ilusión que le di un abrazo enorme a la mujer que me entregó el papelote y según Edu ahora soy “la loca del abrazo”. Pero me da lo mismo, que a mí no me caen regalos del cielo todos los días y sí, soy muy de achuchar al personal, qué le vamos a hacer. XD

De regalo, os dejo 3 cosas que aprendí:

  1. Existe una limonada mejor que la de mi abuela, y está Gijón.
  2. El filete empanado tiene una vuelta de tuerca que merece la pena, y se llama cachopo.
  3. La sidra es como el zumo de naranja de tu madre: Hay que bebérsela rápido y de trago.

Moraleja: Mi padre me dijo de pequeña que intentara ser siempre la más tonta de la mesa, porque sería la única manera de tener algo que aprender. El TBMGijón ha sido exactamente eso, y vengo muy contenta. Lo cierto que en cada conversación pensaba: “mierda, yo de mayor quiero ser así”. Y luego me estresaba, porque resulta que ya voy un poco tarde. Así que deseé creer en la reencarnación para poder desear reencarnarme en alguien como ellos. Pero el maldito escepticismo me supera… así que llevo toda la mañana pensando que debería dejar de hacer el tonto, que el robo de mi bicicleta de la semana pasada es una nueva señal del destino, y que es hora de hacer la mochila otra vez, pero sin billete de vuelta.

FIRMA-CHARRAN_OK