El trayecto entre Jinghong y Menghan, en Xishuangbannà, provincia de Yunnan, son 29 kilómetros, que habíamos calculado hacer en un par de horas porque dedujimos que, al ir por la ribera del Mekong, la cosa no podía ser muy complicada. Pero lo fue. Vaya que si lo fue. Aunque también resultó ser uno de los días más divertidos de nuestro periplo por China.

Al comienzo del camino, a la salida de Jinghong, aparecieron unas obras en las que había una especie de puesto de control con un… ¿segurata? (es increíble la cantidad de puestos de trabajo innecesarios que hay en China) que nos dijo que efectivamente aquel era el camino pero que no se podía hacer en bicicleta. Bueno, o eso pensamos que querían decir sus gestos. Por supuesto decidimos pasar olímpicamente de su advertencia, porque ya sabíamos que lo que viene siendo la actividad deportiva no es una cosa que los chinos practiquen voluntariamente. Nosotras nos vinimos arriba porque somos de Bilbao y los dos muchachos mejicanos que por entonces nos acompañaban optaron apoyar la moción sin rechistar para aprobar su examen para el carné de mochilero con buena nota.

Y allá que fuimos. Al poco descubrimos que lo que estaba en obras era la carretera por la que nosotros queríamos pasear. Así que nuestra idílica excursión bicicletera se convirtió en un infierno sudoroso por un camino plagado de cuestas y baches, en obras, lleno de tierra, polvo y camiones gigantes que levantaban tremendas nubes de mierda a su paso. Y sin agua.

Por suerte llegamos al centro neurálgico de la obra y Jessi -es maravilloso viajar con ingenieros de caminos- nos instó a buscar la caseta de obra porque “tienen que tener agua para todos los obreros”. Ninguno de nosotros sabía lo que era una caseta de obra y aun después de recibir su explicación descubrimos que por allí no había cosa que se le pareciera ni remotamente, así que nos dimos, de nuevo, al arte de la mímica. Un chino bueno nos entendió rápido y nos llevó a una jaima de aspecto militar en la que, efectivamente, tenían varios barriles con dispensador y todo. (Dispensador a lo chino, mejor ver foto para entender). Y allí bebimos gustosamente de aquel bol metálico que podía ser cuenco, cenicero u orinal aquel agüita fresca que nos supo a gloria.

Y aquel fue el primer chino que nos salvó la vida ese día. Pero no el último… Os seguiré contando en mi próximo post. 😉

De regalo: Los youth hostels de Jinghong suelen tener bicicletas para alquilar, pero no tienen porqué tener marchas ni sillines decentes. Lo que sí hicimos bien ese día fue alquilarlas por 20 yuanes en una tienda de la calle Jingde Lu. Hay que dejar un documento como fianza. Nosotros nos negamos a dejar un pasaporte y aceptaron el DNI español. Para hacer la ruta podéis pedir un plano en cualquier hostel. Será un plano marrano, pero os hará el apaño.

Moraleja: “Ya compraremos” [por el agua] no es una opción a partir de ahora, ¿vale chicos?

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