En Fenghuang los restaurantes tienen la comida expuesta en la puerta. Esto es: cestos con verduras de todo tipo… y animales vivos en jaulas o peceras para que el comensal elija y coma el producto bien fresquito.

Si estás pensando en osar decirme que la única diferencia es que allí lo estoy viendo, permíteme un gran: JA!

Ve, elige un pez tamaño merluzaca, observa como lo sacan, lo tiran a la acera -acera china, remember, que eso no ha visto una escoba desde los tiempos de Confucio-, esperan a que le den unos cuantos espasmos al animalico, lo cogen por la cola y le estampan la cabeza contra el bordillo que no puede una por menos que acordarse de American History X, y luego me lo cuentas. Es una mezcla de asco-pena-repelús-me quedo atónita, que se te quita el hambre.

Por otro lado encontramos las ocas. Una las mira… y no se sabe si son de cera o de verdad, porque no se mueven, pero ahí están oye, con su cartelico colgado del cuello que vete a saber si es el precio o un reclamo publicitario en plan “estoy to buena, guapetón”.

Tenemos también faisanes colgando de las paredes, y lindas cabezas de cerdo tostadas, expuestas en las aceras, que casi dan ganas de ofrecerles un cigarrito. Por supuesto hay un extenso abanico de opciones asquerosillas para un paladar occidental poco atrevido, como serpientes -que personalmente no llegué a probar porque son más caras que el azafrán-, sapos del tamaño de tu cabeza o bicho peludo indefinido con cola de rata. Y espero que de rata sólo tenga la cola, porque ese bicharracho es mucho más grande que un conejo. Que no lo pides… no ya por asquete, que también, sino porque tienes miedo de que salga de la jaula y te coma él a ti.

Así pues, mi recomendación es darse a la verdura. Para cenar, sin duda la mejor opción es el mercado nocturno que está al cruzar el puente de Hongquiao E Road. Es una especie de lonja enorme revestida en madera con varios puestos de comida en los que puedes ir señalando lo que quieres comer. Es muy barato, hay mucha verdura y por supuesto un montón de cosas típicas de la gastronomía local, por si te apetece hacerte el valiente.

Mi elección más arriesgada fue una pasta china rellena de cosas -you never know- servida en una sopita. Está bastante bueno y el dueño del puesto, que era un amor, estuvo tan contento de que fuéramos allí dos noches consecutivas que presumió ante la competencia más orgulloso que un pavo real, y acto seguido nos invitó a un chupito de quién sabe qué servido directamente desde una garrafa como la que llevas tú en el maletero del coche para echarle agua al circuito del radiador. No sé qué sería, pero nos dejó un calorcito en el pecho que duró 2 horas. Lo mismo ahora no tengo esófago, de ahí me viene esta tos, y yo sin saberlo.

De regalo: No, no deberías pararte a pensar de qué es la carne que te ponen con los fideos, o en los dumplings… muajaja!

Moraleja: Me temo que cuanto menos mires y menos pienses, más fácil te resultara la adaptación a la gastronomía local.

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