La de arriba sería mi cara si yo fuera una guiri paleta ignorante en Cádiz comiendo un exquisito erizo que no sabría apreciar.

Más o menos. Digo yo.

¿Vosotros os los comerías? Yo os juro que lo intenté, pero no pude.

Me los compraron en el histórico barrio de la Viña gaditano… así… como por hacerme una gracia. Los vendía un tipo que paseaba por las calles con un carrito. Todo muy legal. Pero con aquel olor a puerto que emanaba de los antiestéticos moluscos…

No pude oiga. No pude.

¡Pero que ni un chorrito de limón le habían echado!

Poco después le pregunté a mi padre si se comen así… -el hombre me ha inculcado que hay que probar de todo y que la comida no se tira-  y me contestó: “Se comen así (si tienes valor). Para suavizar les puedes añadir un poquito de limón”.

¿Un poquito? ¿Un poquito padre? ¿Para suavizar qué? ¿El olor a pez muerto?

Luego va y me dice que OJO, porque sólo se come la parte naranja. Acabáramos.

No quiero saber qué narices es… lo que no es naranja. O sí, qué diablos. Necesito un argumento para convencerme de que hice bien en no comer aquello. Para convencerme de que no soy una paleta ignorante.

Y empiezo a investigar (en google, claro) y me encuentro con cientos de blogs de cocina -¡señor!- explicando las maravillas de los erizos de mar: resulta que es un alimento bajo en calorías y en hidratos de carbono, y al mismo tiempo muy rico en hierro y proteínas.

Aporta también fósforo, potasio y vitamina A. Una maravilla. “Si tienes valor”.

Atiende: Los erizos de mar se comen crudos, tal cual o con unas gotas de limón. Tienen un delicado sabor a mar que los hace exquisitos. Algunos los han llegado a comparar con el caviar. 

Bien. De momento sigo siendo una paleta ignorante.

Encuentro unas líneas que vienen a confirmar la versión de mi sabio padre: A continuación escurrid el agua y sacad con una cucharita las cinco partes anaranjadas situadas en forma radial. Esas “yemas” son lo único que se come aunque el líquido también se puede aprovechar.

Colegas que os lo comisteis todo… sigo sin saber qué era lo que no es naranja. Pero lo naranja son las gónadas, así que me temo lo peor.

Afortunadamente, mi instinto me salvó. firma

Moraleja: Si no huele bien… no te lo comas. O al menos pregunta a los locales por el modus operandi. Para no meter la pata, vaya.

De regalo: Lo que sí estaba requetebueno por aquellas tierras (sin tener NADA que ver, y más allá del conocidísimo pescaíto frito) era el Ponty de pollo. (Una especie de bocata hipercalórico que está buenísimo y que por algo se habrá ganado la fama que tiene en toda la ciudad).