En pleno Valle del Jerte, en la provincia de Cáceres, hay un pueblecito adorable que se llama El Torno. La asociación Jóvenes del Valle del Jerte, Nuestra Memoria eligió esta zona para rendir homenaje a los olvidados de la guerra civil y consiguió una subvención, en el marco de la Ley de Memoria Histórica, para colocar -en un lugar más que privilegiado- una obra del escultor Francisco Cedenilla. Cuatro esculturas a tamaño real dibujan a una familia de represaliados por el franquismo.

El Mirador de la Memoria se inauguró en la mañana del 24 enero de 2009. En la tarde del mismo día, un vecino de la zona -un tal Paco, me cuentan- disparó en el hombro izquierdo de las figuras que representan al hijo, al padre y al abuelo. Dejó intacta a la mujer. El escultor no quiso reparar la obra. En aquel momento dijo que le parecía “impresionante” que alguien hubiera querido “volver a fusilarlos”, y consideró que los agujeros de bala le daban aún más sentido a la obra.

El tipo al que los vecinos atribuyen los disparos nunca admitió la autoría de los hechos. Defendió entonces -y hasta el día de hoy- que quien disparó fue su hijo, de 14 años. Que le cogió el arma del coche en un descuido, dice la hemeroteca.

El crío pagó el pato y acabó en un Centro de Internamiento para menores. Reformatorio para los antiguios. La verdad… probablemente no la conozcamos nunca.

Ahora, algunos lugareños llaman a la escultura “los hombres de Paco”, supongo que porque había mucho Francisco implicado en la película, y porque por aquella época echaban en Telecinco aquella serie del mismo nombre y dudosa calidad.

De regalo: La obra recuerda a los desaparecidos por el franquismo, pero especialmente al abuelo del autor, Leonardo Cedenilla, que fue fusilado en octubre de 1936 en el cerro de Peña Negra, en Toledo. Allí se iba a colocar la escultura en un principio, pero no pudo ser… vaya usted a saber por qué.

Moraleja: Hoy no tengo nada divertido para vosotros. Estando allí tuve que esconder las lágrimas tras los cristales de las gafas de sol y no fui capaz siquiera de sacar una foto del impresionante paisaje que se ve desde el Mirador. La moraleja es, supongo, que Cedenilla acertó al negarse a reparar las esculturas. Tal vez así recordemos que España es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos -sólo por detrás de Camboya- y que hasta que no desenterremos los cuerpos y cerremos las heridas, el odio seguirá teniendo una ventana por la que asomar de vez en cuando.