El árbol de Gernika es uno de los símbolos más importantes para el pueblo vasco. Pero… ¿sabéis por qué?. No pasa nada, ya está aquí el charrán para que acertéis la próxima vez que os salga la pregunta en el Trivial. Es símbolo de libertad -aquí cada uno arrima el ascua a su sardina e interpreta un poco al gusto-, pero hay escritos del S. XVII en los que aparecen referencias al “árbol de la libertad”, siempre como emblema de la resistencia de los vizcaínos frente a los invasores. Desde el bombardeo de Gernika durante la guerra civil española, el 26 de abril de 1937, este roble es símbolo, también, de paz.

La cuestión es que antes, antes, antes, cuando Gernika ni siquiera existía -y mirad si es ANTES, que Gernika se fundó en 1366- los apoderados de las Juntas Generales del Señorío de Bizkaia se reunían en un robledal, frente a la ermita de San Pedro Lumo. Según nos contaron los guías de Nueva Europa, eligieron este punto los Señores después de mucho discutir que si en tu pueblo no, que si en el tuyo tampoco… Y éste resultó ser un punto equidistante que a todos les pareció razonable. De hecho, sobre los pilares de la Iglesia se construyo después la Casa de Juntas, y se mantuvieron algunos símbolos litúrgicos, como el altar o las pilas para el agua bendita.

Si uno va a visitar la Casa de Juntas, se encuentra dos árboles. Uno difunto, que es más bien un tronco en una especie de templete, y un descendiente, frente a la tribuna ante la cual jura el cargo el Lehendakari (presidente). Bueno, digamos que ya van… 5 ejemplares, que se sepa. El primero del que existe noticia documentada duró unos 300 años. Murió en 1742. Es el del templete y se le conoce como el árbol padre. Su hijo aguantó sano hasta 1892. Se le llama el árbol viejo y es el que está ubicado en el templete de las columnas.

Después llegó el árbol hijo. Bajo él juró su cargo el primer presidente del País Vasco: el lehendakari Aguirre. Y detrás de él, todos sus sucesores. Del lehendakari digo, no del árbol. El árbol hijo sobrevivió a la legión Cóndor en 1937 pero no al armillereal mellea, un hongo chungo que lo terminó de matar en 2005. Lo peor de todo es que este hongo contamina la tierra, así que, antes de plantar el nuevo retoño, se sacó la vieja y se construyó una especie de mini bunker para aislar la tierra nueva del resto. El tema es que ese espacio ha sido suficiente para 10 años de vida, pero parece que ahí había mucha humendad y poco oxígeno para echar raíces en condiciones, así que el árbol se ahogó. Bueno, esto lo supongo yo, porque lo han retirado a principios de 2015 y los forenses de árboles no han determinado aún la causa de la muerte.

Qué lástima. Desde aquí le digo al próximo: que la fuerza te acompañe.

Tan simbólico es el árbol que tiene hasta himno. El Gernikako Arbola, que habría sido el himno natural del País Vasco si no fuera porque en 1980 el PNV aprovechó su mayoría absoluta para plantificar como himno oficial de Euskadi el Euzko Abendearen Ereserkija, que era el del partido. Como era un canteo le quitaron la letra y tira millas. Con un par.

De regalo: ¿Comprendéis ahora por qué me hizo tantísima ilusión el regalo de Gernikako Haziak?

Moraleja: Me ha dado por pensar que este arbolito es una buena metáfora de lo frágiles que son la libertad y la paz.

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