Vais a flipar, pero pasé tres noches en Budapest y dormí en tres sitios diferentes.  Y no, no lo hice para poder escribir este post y haceros recomendaciones con conocimiento de causa.

Volamos a Budapest un viernes en el que se celebraba allí el Gran Premio de Fórmula 1 de Hungría y la final del Campeonato Europeo de Waterpolo. No, no íbamos a ninguno de los dos eventos. Y no, no teníamos ni repajolera idea de su existencia.

Fue el destino, que a veces se divierte haciendo perrerías.

Yo había reservado un par de camas en un albergue de Buda (7,50€ la noche me pareció tirado de precio). Con la intención de, estando allí, encontrar una opción mejor.

Mentira. Teníamos la esperanza de que apareciera el couchsurfer más molón de la historia y nos alojara en su precioso sofá. El caso es que por unas horas pareció que así era: En el rato que invertí en llegar de mi casa al aeropuerto, un muchacho adorable contestó mi last minute request (solicitud de último minuto, papá) que había dejado en el muro que la aplicación dedica a Budapest. Nos dijo que nos podíamos quedar en su casa los días que hiciera falta, que incluso aquella noche nos hacía un hueco, si podíamos cancelar el hostel, porque no le importaba en absoluto que llegáramos a la 1:30  de la madrugada. En esas nos preguntó por nuestro signo del zodiaco y nuestro ascendente.

Bah! qué más da.

¡Alegría! ¡Alegría! Choque de palmas, carcajadas… viva nuestro karma, qué suerte tenemos y toda esa mierda.

Llegamos a aquel portal y nos quedamos maravilladas con la inmensidad de su puerta de madera tallada. Qué precioso todo. Qué suerte tenemos. El parlamento a 5 minutos andando, que lo veíamos de refilón por entre las calles… qué maravilla, viva nuestro karma.

Akos salió a recibirnos y nos invitó a pasar. Parecía un poco friki y nos volvió a preguntar por nuestro signo. Pero no nos dio tiempo a asimilar lo extraño de la conversación porque entramos en aquel estudio y nos quedamos sin palabras. No había más mierda porque no cabía. Pero mierda nivel “no tengo papelera porque para qué, pudiendo tirarlo todo al suelo”.

Maitane y yo intercambiamos miradas telepáticas a lo Marshall y Lilly en Cómo conocí a vuestra madre y tuvimos la siguiente conversación:

– ¿Qué coño hacemos ahora?

– No sé tía, esto es un asco, pero habrá que esperar a mañana, que son las mil

– Muero.

– Bueno, vamos a ver si dormimos.

Pero el tipo tenía ganas de charleta y claro, nosotras no queríamos ser maleducadas. Salimos al patio a que nos diera la fresca.

– Huele mal tía

– Ya, un poco.

– No, que ÉL huele mal.

Risas telepáticas.

Nos hizo gracia que empezara a decirnos, basándose en el minuto en que nacimos, cómo éramos nosotras mismas… hasta que nos empezó a llevar la contraria sobre nuestra propia personalidad.

– Definitivamente debemos irnos de aquí.

Akos, que se había convertido en Akos Ador desde que se recostó en nuestra cama para explicarnos que los escorpio como él son muy posesivos emocional y sexualmente, nos intentó organizar el viaje. Insistió en que para ver Praga con un día valía, en que no debíamos viajar en tren hasta allí porque nos podíamos retrasar hasta 5 horas, y en que deberíamos ir con él a unas termas en el campo. ¿Os habéis traído el bikini?

– Grimaaaaaaaaaaaaaa, grimaaaaaaaaaaaa

– Mañana a primera hora nos piramos.

Pero no lo hicimos, porque Akos insistió en que le acompañáramos al mercado, a buscar a su abuela, que tenía otras llaves de su casa que nos podía dejar. Y fuimos a por ellas, desde luego, porque en esas llaves vimos nosotras la libertad.

Nos costó un triunfo irnos del mercado, pero lo conseguimos. No sin antes haber desayunado Làngos como buenas húngaras. Yo quería plátanos, pero Akos insistió en que era importante que probara aquella cosa grasienta con nata, queso y jamón cocido. Para estar empachada hasta las 7 de la tarde, supongo.

Después, aprovechando que él estaría liado hasta las 18:00, nos fuimos de ruta turística y volvimos a tiempo para recoger las mochilas, dejarle una nota y devolverle las llaves tirándolas sobre la cama por la ventana del patio.

Era sábado por la tarde y seguíamos sin alojamiento, por cierto, pero eso os lo cuento en el próximo post.

De regalo: Aquí os dejo su perfil, no sea que…

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