Salimos corriendo de la pocilga de Akos. Eran cerca de las 6 de la tarde, habíamos pedido cobijo en más de 4 hostales del centro de Budapest y estaban todos completos gracias a la Formula 1 de marras.  No teníamos mucha opción, así que nos fuimos a casa de Balazs, un couchsurfer verdaderamente hospitalario.

Bueno, eso nos pareció… así… sin conocerle. Y nos lo sigue pareciendo, pero seguimos sin conocerle.

El muchacho nos dijo que éramos bienvenidas en su casa, siempre y cuando no nos importara que él no estuviera muy pendiente de nosotras, porque estaría trabajando todo el fin de semana en la Formula1. Maldita sea, debíamos de ser las dos únicas terrícolas que no se habían enterado de aquello.

Nos dijo también que tenía dos gatos muy amistosos, un loro que estaba loco y un amigo de visita, pero que había hueco en el salón, así que si no nos importaba la compañía, teníamos que coger el tranvía X o el Y, ir hasta la plaza de  Széll Kálmán -que en realidad todo el mundo conoce como plaza Moscú-, después localizar el autobús número XX, y bajarnos X paradas después, en Nosedónde. Cruzar la barrera roja de enfrente, caminar hacia la izquierda, dejando a mano derecha la garita del guarda, llegar al edificio H y meter el código de entrada “xx llave xxxx”. Subir al segundo pisto y tocar a la puerta de la derecha que tiene una pegatina de las tortugas ninja sobre la mirilla. Si no había nadie, teníamos que ir a pedirle al portero la llave de casa. 

Y no estaba. Así que volvimos a bajar y le pedimos a un guarda que no hablaba inglés las llaves de un tipo al que no conocíamos. Y nos las dio. Me dijo que Balazs se había ido a trabajar pero había dejado allí las llaves, en un sobre, por si íbamos, y que si salíamos le dejáramos las llaves a él.

Sí, cada día se me da mejor la mímica.

Vuelta a la casa, abre con cuidado, que se escapa el gato.

Maitane (@moitoneti) no se quitó ni la mochila. Ya nos había dicho Balazs que los gatos eran muy cariñosos, pero es que eran más pesados que una vaca en brazos. Yo encantada, cuidado, porque soy igual de cansina que ellos. Capaz de matar a besos, soy. No me tienten… No me tienten. Pero a Mai sólo le gustan un tipo de animales: los que se mantienen a más de un metro de distancia. No era el caso.

– Yo aquí no duermo, yo aquí no duermo. Ay! que me toca! Ayyyy!

– Espera un poco, vamos a sentarnos a pensar Mai, que no hay camas en ningún sitio. ¿Mai? ¿MAAAIIII?

Estaba fuera, en el descansillo. Así que nada, nos fuimos. Y el portero flipando, claro. Que si ya habíamos acabado, decía.

La pobre Mai pidiéndome perdón todo el camino. Qué le vamos a hacer mujer. Cada uno tiene sus manías… ya dormiremos en el parque. O algo.

Fuimos al hostel aquel de Buda en el que habíamos reservado la noche anterior, con la esperanza de que tuviera un par de camas libres, por aquello de no estar tan bien ubicado. Pero no. Le pregunté a la muchacha si tenía un sofá… Me dijo que no. Juro que pronuncié las palabras “¿y un trozo de suelo? sólo necesitamos un techo para pasar la noche”. Ni se molestó en abrir la boca. Negó con la cabeza y puso cara de “fuera de aquí, pedazo de locas”.

Como ya eran casi las 20:00 decidimos que lo mejor que podíamos hacer era tomar una cerveza. Sí, sentarnos, respirar, tomar una cerveza… y pillar wifi para entrar en hostelworld (web de reservas de hostales, papá). Después de 15 minutos buscando dimos con el David Hasselhostel. Unos cachondos. Reservamos.

Bueno pues nada, ya cenamos tranquilas.

A los 10 minutos recibimos un correo electrónico en el que nos comunican que hosterlworld no está actualizada y que en realidad no hay camas. FUCK.

Vuelta a buscar. Encontramos otro, en el centro. FE-NO-ME-NAL. Sonrisas. “Si es que, en el fondo, nuestro Karma nos protege”. Retox party hostel, se llamaba.

Como estábamos cansadas, ni cuenta nos dimos del detallito de que “party” era el primer apellido del antro aquel. Hasta que llegamos y nos recibió un segurata negro-calvo-gordo-enorme.

– Perdone, ¿el hostal?

– ¿Qué hostal?

– Retox

– Es aquí

-¿Aquí? o_O

Allí era, sí señor. Y allí nos adentramos, abrazadas a la mochila con la ceja levantada, hacia un patio interior lleno de graffitis de los cutres, hasta las cartolas de borrachos sin camiseta brindando con botellines de cerveza barata y pegando gritos como animales.

De regalo: Los del hostel borde de Buda -pero barato- están aquí. Y los locos de la colina aquí.

Moraleja:  Lo siento, llegará con el siguiente post.

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