Los criterios para elegir el primer barranco por los que se rige la gente normal… los desconozco. A mí es que me llevó mi aita (padre, para los no vasquitos) hará unos 20 años… y sinceramente pienso que no teníamos mucha idea de a dónde íbamos ninguno de los dos. Bueno, o le llevé yo a él, porque recuerdo que las palabras “toboganes, cascadas, río”, tintineraron en mi cabeza como si fueran mágicas y decidí que la piragua en el pantano artificial… pa Rita. Aquello fue en Huesca. Flipé. Después he hecho un par más, lo cual no me convierte, ni de lejos, en una experta, pero creo que si mis amigos del alma me pidieran recomendaciones para iniciarse en esto del barranquismo… les daría estas 8 razones para ir a la Garganta de los Papuos:

1) Está en pleno Valle del Jerte, que ya merece una visita en sí mismo. Hay mil cosas que hacer por allí más allá del barranco. Es una zona que bien merece que te hagas unos cuantos kilómetros.

2) Es un barranco de nivel II (el máximo es el IV). Esto significa que es asumible pero no te aburres. Te cansas pero no te mueres. Te cagas pero lo consigues.

3) ¿Tienes hijos? No pasa nada. La Garganta de los Papuos la pueden descender hasta los niños. Niños hábiles y valientes, como era yo hace 20 años. Entiéndaseme. Si tu niño es un cagón lo siento pero te va a tocar ir al parque.

4) Los saltos son razonables. Hay uno un poco loco, pero no es obligatorio. Así que si vas con alguien que en un momento dado necesite una dosis extra de adrenalina, tendrá opción de generarla mientras tú eliges el camino de los cobardes las personas sensatas.

5) Tiene tramos de cuerda. Varios. Y molan todo. ¿Que no has rapelado nunca? No importa, no es complicado. Siempre y cuando no se te ocurra mirar hacia abajo, claro.

6) Relacionado con el punto anterior… Podrás fardar de haber rapelado 27 metros de pared. Reconócelo, tú también te dejas llevar a veces por la lógica del postureo… y te encantará ver el nivel de ojiplatismo del personal mientras repiten ¿¡¿¡¿27 metroooooos?!?!?!

7) Tiene varios toboganes chulísimos que te harán sentirte como la primera vez que fuiste a un aquapark, sólo que en este caso al sacar la cabeza del agua no hay un plástico azul cutrón sino que te envuelve un paisaje maravilloso de bosque, rocas y cascadas naturales.

8) Hay momentos en los que miras al monitor y le dices: ¿Por aquí? ¿En serio? No puedo. Qué dices. Se te va la olla. ¿Sí, no?. Y luego piensas que estás vendida. Que la única alternativa es un rescate en helicóptero. Y eso es caro y muy de loosers. Y por ahí sí que no. Que tenemos una reputación que mantener. Y saltas. Y al recuperar el aliento te sientes valiente, fuerte, orgullosa y con ganas de comerte el mundo. Y eso mola. Mola mucho.

9) Al terminar, como estarás en Jerte, no te costará encontrar dónde comer unas migas exquisitas para recuperar la molla perdida con tanto ejercicio. Que las curvas no se mantienen solas.

De regalo: Yo lo hice con Jertextrem y todo fue fantástico. (Un millón de gracias por las fotos, por cierto). Aunque, si se puede hacer una sugerencia… bien habría agradecido yo un sandwichito al terminar, sentadita a la orilla del río. Sé que los chicos de Alberjerte también lo hacen, -lo del barranco, no lo del sandwich- y también son muy adorables. Te recomendaría que llamaras a ambos y eligieras el horario que mejor te venga… o el grupo con menos personas apuntadas.

Moraleja: No mires abajo. Sólo cerciórate de pisar sobre seguro y avanza.

FirmaCharran