“Saber de vino es saber si te gusta o no”, dijo en la comida. Y así es como José Moro me convenció de que era un tío guay. Esa frase me la ha dicho mi padre millones de veces. El pobre, que no podía vivir con la pena de que a su primogénita querida no le gustara el vino. Y el hombre fue dándome a probar unos y otros, y yo que nada. Hasta que llegámos al gran reserva. Jódete Carpanta, que diría mi madre. Yo no es que sea ignorante, es que soy de morro fino. Lo que pasa es que la cigüeña se lió -porque en aquella época no había smartphones con google maps- y me tiró en una familia humilde. Pero yo tenía que haber nacido rica.

El karma me recompensa de vez en cuando, y me da oportunidades como la de visitar las Bodegas Emilio Moro, hacer una cata de vino en barrica y conocer al nieto del fundador, José Moro.

Os contaré que el taller de cata en barrica es bastante especial. Tomas el vino a medio hacer. Sí, a medio hacer. El mismo vino, reposado en distintas barricas durante el mismo tiempo. Y mola porque así descubres los matices que aparecen con los meses. Y las diferencias que produce elegir una barrica de madera de roble americano con respecto a una barrica de madera de roble francés. No vacilo, se nota un montón.

Y aprendes lo complicadísimo que es hacer un buen vino.

Me impresionó especialmente el vino Emilio Moro Clon de la Familia. Para empezar por el precio. 200 euracos la botellita de marras. Un placer al alcance de pocos, pero la buena noticia es que está exquisito y que todo lo recaudado con las ventas de esta maravilla se destinan a la Fundación Emilio Moro. Así que es un trago caro pero solidario.

Maldita cigüeña.

El caso es que es el ejemplo perfecto de que las cosas hechas con cariño son siempre… sencillamente mejores. Me llamó la atención la etiqueta de la botella. La eligió el propio José. Es una foto de familia en la que salen su padre, de niño, con sus tías y su abuelo Emilio. El abuelo fue uno de los pocos campesinos de los 40 que no decidió sustituir los viñedos por otros cultivos. Cosas que tienen el hambre y la posguerra. Pero Don Emilio -le pongo yo el atributo- acertó con la decisión. No sé en base a qué la tomó, pero acertó.

Para sacar el Clon de la Familia se eligieron las mejores cepas, y con ellas se injertó el resto. Lo mejor de lo mejor, que diría mi abuela. Un trabajo de chinos, que diría yo si no fuera porque después de estar en China descubrí que tampoco trabajan tanto. Y desde luego no trabajan con amor.

De regalo: Éste es un taller efímero, ya que sólo se puede hacer en los meses de abril y mayo así que… si te interesa… ¡vuela! (cuesta 15€)

Moraleja: Seguramente debería hablar de algo relacionado con las vides, las uvas o el vino, pero lo más importante que aprendí de la familia Moro aquel día -o en lo que me reafirmé- es que, para ser feliz, una tiene que dedicar su vida a aquello que realmente le apasione.

 

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