La mejor opción para dormir en Cuba son las “Casas Particulares”. Hace unos años, cuando la afluencia de turistas incrementó más rápidamente que la oferta hotelera, el gobierno de Fidel Castro decició legalizar el alquiler de habitaciones en las viviendas privadas. Esto es maravilloso para el viajero, porque te permite un acercamiento a la población local que sería imposible de otra manera.

Las hay cuquis y las hay terribles. Es importante que, cuando encuentres una que te guste, o cuyo dueño te caiga bien, le pidas recomendación para el alojamiento en la siguiente escala. Si el tipo no te mola SAL DE SU CÍRCULO. Nosotros empezamos con muy buen pie, en la súper casa particular de nuestro Reymond. Se llama casa Obrapía. Nos costó 35 CUC (dólares) con baño privado. Con baño compartido son 30 (eran, en 2008). Está en la calle obrapía, entre aguacate y compostela. Es una paralela a la calle Obispo, principal calle comercial de la Habana. Está muy cerca del capitolio, de la plaza de la catedral, de la plaza de armas, de la bodeguita del medio y de la Floridita. Vamos, en el ombliguito de La Habana Vieja. 

Para comer, por cierto, lo mejor es hacerlo también en las casas particulares. Los desayunos de Raymond son los mejores de Cuba, y su jugo de guayaba está de morirse. No pidais papaya (así llaman ellos al aparato reproductor femenino), ellos dicen Fruta bomba. Pedir jugo de papaya es como pedir aquí zumo de chocho. Literal. Se reirán mucho pero os informo por si preferís evitar el bochorno. 

Las cenas de obrapía costaban por aquel entonces 10 CUC, lo cual me resultó un poco caro. Normalmente eran entre 6 y 8 por cerdo o pollo y entre 8 y 10 si el plato era de langosta, camarones o pescado. Andad con ojo. En los restaurantes las raciones son pequeñas (según nos contó cierto corresponsal cuyo nombre me llevaré a la tumba, hay un mercado negro de productos alimenticios importante, y los camareros te sirven medio plato, porque venden el otro medio en la trastienda, o porque se lo comen ellos, sus familias o sus animales). Y encima no suelen ser baratos. Lo de los “paladares” es directamente el timo de la estampita. 

Saliendo de La Habana, los precios decrecen considerablemente. Vamos, como el 50%.

En Viñales os recomiendo la casa de Miguel y Rosa, (c/ Rafael Trejo 141). Es muy humilde pero más barata, unos 15 CUC -estas cosas también varían en función de la temporada, y siempre se puede, DEBE, regatear-. También allí se come bastante bien y barato, y por supuesto os pueden ayudar para explorar la zona. Otras dos opciones con la casa Maritza y Tato (Camino Cienfuegos nº 42A, esquina Celso Maragoto y Sergio Dopico) y la de su hermana, justo al lado, Villa Rolando.

Y en Trinidad, sin duda alguna, la de Maira. Es una mujer adorable, valiente y divertidísima con dos hijos guapísimos y una casa más que acogedora.

En Santiago estuvimos en casa de Leo y Alina, dos médicos interesantísimos que pueden contaros un montón de cosas sobre la historia de Cuba. Compartimos con ellos una botellita de ron Santiago en una estupenda terraza que tienen en el tejado y sin duda ésa fue uno de los mejores experiencias que nos trajimos de la isla.

En cualquier caso, si habéis entrado en un círculo del infierno de los que os comentaba antes, salir es tan sencillo como llegar al destino, buscar el símbolo de casa particular “arrendador divisa” (la especie de flecha azul de la foto),  y preguntar. Lo del símbolo es importante porque dormir en una casa no autorizada puede ser un problema tanto para el viajero como para el cubano. Sobre todo para éste último, que se arriesga a que le quiten la casa de por vida. Es absolutamente ilegal, y el gobierno evita esta práctica obligando a quienes tienen licencia a entregar diariamente una relación de sus huéspedes. Así que no te sorprendas cuando te pidan el pasaporte nada más entrar en la casa, es lo normal. Llegaron a decirnos que si hay alguna noche en la que tu pasaporte no está asociado a ningún alojamiento, la policía acude en tu búsqueda. Sí, puede ser muy gracioso acampar en Sierra Maestra.
También puedes darte a la búsqueda pasiva. Esto es: dejarte llevar por las ordas de propietarios que estampan las fotos de su casa en las ventanas del autobús para que vayas decidiendo antes de bajar del mismo. Sinceramente, a mí este tipo de marketing me da susto y suelo salir corriendo, pero… es una opción como otra cualquiera.

De regalo: Preguntadle a Reymond por las Leica que tiró a la basura y a Leo por el intento que hicieron en la Habana de copiar la receta del ron Santiago. 😉

Moraleja: A pesar de la revolución tecnológica, sigue sin haber nadad como el boca a boca. FIRMA-CHARRAN_OKPor otro lado, no tengo muy claro porque no anoté los datos del alojamiento en las demás ciudades, así que si alguno tiene alguna recomendación… será bienvenida en los comentarios.