Aciclovir. Mi gran compañero.

la foto(1)Seguramente no sea tan fundamental para todo el mundo, pero una, que es muy nerviosa, que se emociona cual escolar en septiembre y que, sí, es bastante propensa a que cualquier inestabilidad emocional (sea ésta para bien o para mal) provoque la aparición de un herpes labial, ha aprendido a viajar SIEMPRE con un tubito de crema como el de la foto en la mochila.

Resulta que el 80% de la población española me acompaña en el sentimiento – dato que, no es por nada, consuela bastante – . Y resulta que si no lo pillas a tiempo está dando por saco un par de semanas. La primera y última vez que el virus de marras me pilló desprevenida – una y no más, Santo Tomás – estaba yo en un coche/taxi marroquí en medio de la nada sin posibilidad de encontrar una farmacia en 3 horas.

Tarde amigos. Demasiado tarde.

espaldaCuando encontré la farmacia me dieron una pomada que sinceramente… no servía para nada. Y allí anduve, 15 días con la barbilla hecha un Cristo, tratando de explicar a medio Marruecos lo que era aquello – sí, todo quisqui preguntaba – , recogiendo todo tipo de remedios naturales que me ofrecían por las calles – debía de darles pena o algo – que aliviaban, sí, pero no lo hacían desaparecer.

Y en esas estuve 15 días, turbante mediante, posando en las fotos de las formas más creativas habidas y por haber. Salgo monísima en todas. En ninguna se me ve mucho más de un ojo.

Moraleja: Aciclovir al botiquín de mano. Siempre.

De regalo: Hay mil supuestos remedios naturales (pasta de dientes, ajo, ceniza, tomate triturado…) A mí, bien, no me funciona ninguno. Por supuesto, si tenéis alguna sugerencia, estoy dispuesta a escucharla, e incluso a probarla.

Leave a Reply